1. Muestre a los niños que incorpora la fruta y verdura con normalidad e imaginación en los menús diarios para toda la familia.
2. No utilice nunca la fruta y verdura a modo de castigo (si te portas mal… cenarás verdura!). Transmítale los valores positivos que aportan: color, variedad, sabor, vitaminas, minerales…
3. Varíe y amplíe la fruta y verdura que compra: conseguirá que su hijo acepte un mayor número de alimentos.
4. Póngale imaginación a la presentación del plato. Cuanto más colorido y vistoso, ¡mejor! Resulta más apetitoso y también más nutritivo.
5. No se olvides de poner fruta en el desayuno: unas rodajas de plátano, unos gajos de mandarina, un vaso de zumo, macedonia con yogur…
6. Póngaselo fácil: pele y prepare la fruta para que esté disponible y visible dentro de un bol en la nevera en forma de snack para cuando tenga hambre.
7. Cuando sea difícil disponer de fruta y verdura fresca, piense en otras opciones: la verdura congelada, los concentrados de fruta y verdura o las cremas preparadas con alto contenido en verduras pueden ser una eficaz ayuda. Las cremas con guisantes, calabaza y zanahoria aportan un dulzor especial que les encantará.
8. Un puñadito de frutos secos o frutas desecadas junto con un racimo de uvas o unas cuantas cerezas en la mochila puede ser una buena opción cuando salgan de excursión.
9. Acompañe los platos de carne con frutas y verduras cortadas o en puré. El puré de manzana, la piña, la naranja combinan muy bien y hacen muy apetecibles algunas carnes.
10. Dé rienda suelta a la imaginación y atrévase a probar: flan de espinacas y gambas, tarta de zanahoria, bizcocho relleno de frutas, brochetas vegetales, canelones de verduras… Y recuerde que a ellos les encanta dibujar con la comida así que si colaboran en la confección, ¡mucho mejor!
Fuente: Canal salud (Terra)
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